Hijas del Buen Pastor y de María Inmaculada - Historia
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En 1942, nacía en AVILA (ESPAÑA) bajo la tutela del propio Obispo de la Diócesis, Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Santos Moro Briz, una sencilla forma de vida religiosa; pero con el alto ideal de formar cenáculos vivos, donde la adoración perpetua al Dios Eucaristía, fuese el fin principal y primordial.

La Institución Hijas del Buen Pastor y de María Inmaculada (conocida también con el primitivo nombre de Institución CHÁRITAS, por ser la caridad la nota distintiva en la vida y obras de nuestra Madre Fundadora y carisma específico para su Instituto). Aunque reciente en su historia lleva el sello de raíces muy hondas, ya que M. MARÍA de DIOS (Mª del CARMEN MOLLEDA GARCÉS nombre de bautismo) bebió hontanares tan cristalinos como son la espiritualidad carmelitana e ignaciana. Pero sobre todo donde templó toda su existencia, fue en el contacto cercano y vivo de su Jesús Eucaristía, con la fe profunda de las almas sencillas, ardientemente enamorada del Maestro, vivo y real en el Santísimo SACRAMENTO.

Para cada tiempo Dios envía mensajeros cualificados para anunciar o mejor para recordarnos sus mensajes de Amor. En nuestros días se ha servido de M. María de Dios con el objetivo de avivar nuestra fe en la real presencia de la Santísima Eucaristía.

Madre María de Dios, se sintió conquistada por el Amor de Dios y decidió, con ardiente generosidad, consagrar toda su vida, a tan inmenso y gratuito don. Con el paso del tiempo y no sin costarle grandes sacrificios y renuncias fue conociendo la Voluntad de Dios sobre ella. Ingresó primero en las Damas Catequistas, por ser las primeras que conoció y con las que con mayor contacto tenía en aquellos años de su juventud. Pero la vida contemplativa le atraía irresistiblemente y varios anos después, con el asesoramiento y bendición de su Director espiritual, Cardenal Tedeschini, Nuncio de S.S. en España, ingresó en el Carmelo donde en todo momento vivió intensa y ejemplarmente su Consagración religiosa.

Tras unos años de permanencia en el Carmelo, al que amó entrañablemente, se vio obligada a abandonarlo temporalmente por enferma; pero Dios tenía sus designios sobre ella y en estas circunstancias asesorada por varios hombres de Dios, entre ellos el obispo de León y el Provincial de los Agustinos, se decidió a realizar aquella fuerte llamada que Dios había puesto en su alma: La fundación de una Obra dedicada a acompañar, adorar y reparar al Divino Prisionero del Sagrario mediante la Adoración Perpetua y las súplicas y ofrecimiento por su Reinado de Amor y Caridad en el mundo y así mismo por la Iglesia, sobre todo el Papa y Sacerdotes.

La divina Providencia señaló Avila, ciudad de santos y cantos para emprender esta andadura, bajo la guía paternal del propio Obispo, D. Santos Moro Briz. El 26 de noviembre de 1942, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, les dejaba como compañero inseparable y amantísimo a Jesús Sacramentado, en una humilde casita. El sería su fortaleza en medio de tantos fríos y privaciones. Preparando su llegada pasaron toda la noche en vigilia, oración y trabajo. Hacía tanto frío que el Sr. Obispo se vio obligado a decirles:

“Pongan, pongan algo de calor...”

Y a otras personas comentaba preocupado:

"Se me mueren, se me mueren..."

En 1943 se trasladaron al paseo de San Roque y con gran esfuerzo económico lograron adquirir una vivienda más amplia, vislumbrando que la acogida de nuevas vocaciones la hacía imprescindible. Estas se hicieron desear durante siete años de espera y amorosa fidelidad y entrega al Amor. Y llegaron cuando entraba en los designios de la divina Providencia...



En 1950 en unos terrenos contiguos a la Casa de San Roque se comenzó la construcción de un nuevo edificio de mayores proporciones denominado Casa de la Virgen María, que es donde actualmente reside nuestra Comunidad en Avila.




El ardor divino que Madre María de Dios avivaba en la Comunión de cada día y en su ferviente adoración eucarística, iba comunicándolo a sus Hijas y a cuantos a ella se acercaban. Es nuestro mayor anhelo que siga reviviendo en la posteridad día a día ese espíritu, contagiando a otras almas jóvenes a entregarse sin condiciones al amor de Cristo anonadado por nosotros en su presencia eucarística, para así cumplir nuestra misión en la Iglesia: "Calmar la sed de amor del Corazón de Jesús que un día desde la cruz y todos desde el Sacramento adorable nos dice: Tengo sed..."

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